
El olor a derrota se pretende colar a mis fosas nasales y hacerme suspirar con helada melancolía.
si pudiera mandarle a callar... si pudiera hacerlo alejar ese putrefacto aroma que me provoca vomitar.
donde esta la invencibilidad? a dónde escaparon la perseverancia y la templanza?
lascerado el orgullo y la mirada cabizbaja, me siento encorvada en el banquillo de acusados, me pienso y me animo una coartada, una justificación racionalizada...aquella que me exonerará de la culpa, me revivirá con ese desfibrilador al que llamamos esperanza y me devolverá la conciencia que tanto anhelaba.
En el entumecido estado en que me encuentro, perdida en la tierra del desaliento; como una caja sellada al vacío y sin salida, llena de ese olor venenoso y una niebla ponzoñosa que esconde obstáculos; me hacen caer, tropezar una y otra vez; me levanto, salto y me adelanto; no dejan de salir, siempre hay más, cada vez más largos, más anchos y más altos; de diferentes formas, colores, sabores y tactos... tangibles e intangibles, poco digeribles y para nada admisibles.
Esto no termina y más de la mitad de mi ser está herido, lo que me hace difícil seguir adelante, agonizo, me desangro, mi piel abierta supura, mientras poco a poco desvanezco y mi cuerpo se desliza lentamente al suelo, con un golpe seco muere, sin expectaciones, sin ilusiones, ni ganas de continuar, me he levantado tantas veces que en algún momento me tenía que cansar...
-La esperanza es lo último que muere, pero en este momento mi ingenio está enfermo, incapaz de encontrar otra solución, en espera que el viento sople a mi favor...
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