Quiero decirte tantas cosas y no sé ni cómo empezar...
Empezaste como un juego, muy divertido e informal. Un trofeo, algo lindo, un adorno para mostrar.
No eras mala compañía, lo tengo que admitir, pero te fuiste metiendo poco a poquito dentro de mí.
Te quise confundir con "amor", pero no te asustes, realmente nunca llegué a ese punto porque te encargaste muy bien de marcar tus límites: alejándome, sobajándome, lastimándome, insultándome, ignorándome.
Me siento muy estúpida tratando de escribirte esto, y honestamente no sé si lo leas.
Considero que te falta mucho tiempo para entender mis palabras, pero espero que algún día mires atrás y reconozcas su valor, mi valor.
No estoy enamorada de tí, pero bien pudiera estarlo, si quisieras.
Esa fijación por alejar a la gente no lleva a nada bueno, y ese "speech" de estoy buscando a la mujer perfecta, mientras me cojo a las imperfectas te hace incongruente a los ojos del mundo.
Constantemente te veo "luchando" entre dos instancias y eso me hace dudar de tu verdadero yo. Te siento falso y a la defensiva, pero eso jamás importó, puesto que eras ocasional y esto, supongo, no debía durar.
Ahora tengo que decirte adiós, pues esto llegó más allá de donde puedo controlarlo. No sé si podemos seguir siendo amigos, porque ni siquiera estoy segura de que lo hayamos sido alguna vez...
Te dejo ir con toda tu inmadurez y te dejo respirar para que decidas si algún día quieres regresar..
viernes, 5 de junio de 2015
lunes, 23 de marzo de 2015
Es extraño que seamos extraños y que aún te extrañe...
Extraño tu compañía, en los centros comerciales. Ir de compras y probarnos atuendos, ser víctimas del consumismo juntos.
Extraño los frutos secos, irlos a comprar a aquella tienda en el centro, donde los venden a granel.
Extraño las comidas compradas en fin de semana, vivir fuera, dormir temprano y despertar a tu lado.
Extraño el olor de tu perfume, aunque no me agradaba, me anunciaba tu presencia.
El color de tu piel, amarillo verdoso como una aceituna dentro de un martini seco.
Tus pensamientos mediocres y tu extraña fascinación con el balonpié local.
El humor negro, ese que sólo tu y yo compartíamos al burlarnos de las carencias de otras personas.
Pasar calor en invierno, era imperativo sudar en la cama, cuando afuera estaba a casi bajo cero.
Tu familia tan diferente a la mía, esa calidez que caracteriza a aquellos que sienten tener poco que ofrecer.
Ese extraño sentimiento de seguridad que me producía estar a tu lado, la costumbre, el amor y la soledad, los tres a la vez o por separado, a lo largo de varios años.
La inseguridad cuando no estabas a mi lado, la duda, preocupación y desconfianza.
Tu indiferencia disfrazada de calidez, la indiferencia cubriendo el enojo, y el despojo de la credibilidad cuando demostraba sufrimiento.
Tu voz fingida cuando decías algo tierno o irónico en un momento de tensión. Las defensas sin sentido cuando te sentías atacado.
El amor, el odio y el dolor, que me recordaban: "aún sigues con vida"
Eso! Te extraño, pero no te necesito más...
Extraño los frutos secos, irlos a comprar a aquella tienda en el centro, donde los venden a granel.
Extraño las comidas compradas en fin de semana, vivir fuera, dormir temprano y despertar a tu lado.
Extraño el olor de tu perfume, aunque no me agradaba, me anunciaba tu presencia.
El color de tu piel, amarillo verdoso como una aceituna dentro de un martini seco.
Tus pensamientos mediocres y tu extraña fascinación con el balonpié local.
El humor negro, ese que sólo tu y yo compartíamos al burlarnos de las carencias de otras personas.
Pasar calor en invierno, era imperativo sudar en la cama, cuando afuera estaba a casi bajo cero.
Tu familia tan diferente a la mía, esa calidez que caracteriza a aquellos que sienten tener poco que ofrecer.
Ese extraño sentimiento de seguridad que me producía estar a tu lado, la costumbre, el amor y la soledad, los tres a la vez o por separado, a lo largo de varios años.
La inseguridad cuando no estabas a mi lado, la duda, preocupación y desconfianza.
Tu indiferencia disfrazada de calidez, la indiferencia cubriendo el enojo, y el despojo de la credibilidad cuando demostraba sufrimiento.
Tu voz fingida cuando decías algo tierno o irónico en un momento de tensión. Las defensas sin sentido cuando te sentías atacado.
El amor, el odio y el dolor, que me recordaban: "aún sigues con vida"
Eso! Te extraño, pero no te necesito más...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)