Extraño tu compañía, en los centros comerciales. Ir de compras y probarnos atuendos, ser víctimas del consumismo juntos.
Extraño los frutos secos, irlos a comprar a aquella tienda en el centro, donde los venden a granel.
Extraño las comidas compradas en fin de semana, vivir fuera, dormir temprano y despertar a tu lado.
Extraño el olor de tu perfume, aunque no me agradaba, me anunciaba tu presencia.
El color de tu piel, amarillo verdoso como una aceituna dentro de un martini seco.
Tus pensamientos mediocres y tu extraña fascinación con el balonpié local.
El humor negro, ese que sólo tu y yo compartíamos al burlarnos de las carencias de otras personas.
Pasar calor en invierno, era imperativo sudar en la cama, cuando afuera estaba a casi bajo cero.
Tu familia tan diferente a la mía, esa calidez que caracteriza a aquellos que sienten tener poco que ofrecer.
Ese extraño sentimiento de seguridad que me producía estar a tu lado, la costumbre, el amor y la soledad, los tres a la vez o por separado, a lo largo de varios años.
La inseguridad cuando no estabas a mi lado, la duda, preocupación y desconfianza.
Tu indiferencia disfrazada de calidez, la indiferencia cubriendo el enojo, y el despojo de la credibilidad cuando demostraba sufrimiento.
Tu voz fingida cuando decías algo tierno o irónico en un momento de tensión. Las defensas sin sentido cuando te sentías atacado.
El amor, el odio y el dolor, que me recordaban: "aún sigues con vida"
Eso! Te extraño, pero no te necesito más...
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